Por alguna razón ayer me acordé del cura de la parroquía del barrio. Un señoriño muuuuuuuuy mayor, muy simpático, que saluda a todo el mundo vayas o no a misa.. En el barrio todos lo reconocen, porque va con sótana y porque es casi tan antiguo como el barrio. Es como una pequeña Torre de Hércules viviente.
Desgraciadamente para mi fe cristiana me eduqué en un colegio de monjas. En un colegio fundado para niños pobres y que cuatro pseudo-pijos con ganas de aparentar se han encargado de denominar colegio bien. Recuerdo como cada Naviad nos decían que llevaramos cosas para hacer cestas de Navidad (veo claramente, como, a parte de turrones y mantecados, llevabamos bolsas con arroz, garbanzos y alubias) Esas cestas se las llevaban por la puerta de atrás las familias de los alumnos más pobres. Nosotros, niños, no lo veíamos y los padres de muchos negaban la existencia de esa necesidad, tan básica, de nuestros vecinos de aula. Olvidamos la miseria cercana, pero nos regodeamos en la pobreza lejana, mostramos orgullosos la foto del niño apadrinado y levantamos pancartas pidiendo el 0,7% o la condonación de la deuda de los países más pobres; pero jamás le daremos 50 € al vecino sin exigirle que nos lo devuelva casi de inmediato. Somos hipócritas, mentirosos e infieles. Esta teoría de que el hombre es malo por naturaleza me lleva de nuevo al tema del principio: los curas.
Si el cura de mi parroquía es, a priori, una gran persona, el de mi colegio es un sátiro. Un viejo depravado que, siempre tenía ocasión, relataba, con todo lujo de detalles, una larga lista de pecados contra el sexto y el noveno mandamientos mientras se sobaba el reloj. Siempre tenía en la boca una frase que, aún hoy, me da dentera: "tocamientos impuros"
Si la Iglesia católica fuera televisión sería… No estoy de humor para metáforas, la Iglesia católica es una casa de putas y santas pascuas!
Sólo reconozco como utiles a tres tipos de religioso, que merecen todo mi respeto:
Los curas de barrio
Los misioneros "de verdad"
Las mojas de clausura, porque ellas han forjado con sus manos las bases de nuestra repostería tradicional, y la respostería, amigos, es tan importante como la filosofía en nuestra educación, pero esto ya es otro post.