Antihéroe, viejo amigo, aunque suplantes la personalidad de Eduardo Sonseca (jugador de baloncesto) sé que eres tú, si realmente quieres despistar al equipo editorial de este blog, no dejes un comment similar en un blog vecino. Tu gran fallo es dudar de mi inteligencia.
Ya que lo pides con educación, te daré el post que me sugieres, pero lo haré a mi manera. Recuperaré las siguientes palabras de Luis Del Olmo, indiscubtiblemente un gran comunicador. Declarando a la prensa, en calidad de miembro del jurado del premio dijo lo siguiente refiriéndose a Jímenez Losantos: "un personaje que es un profesional del insulto, la mentira y la demagogia". Dijo también que no pudo impedir que le dieran el premio y que no compartiría escenario con el durante la ceremonia de entrega.
Tanto Luis del Olmo como Buenafuente están en su derecho de disentir en la decisión de entregarle el premio a este anti-Quijote de las ondas episcopales, un personaje que no puede defender su opinión sin desprestigiar las de los demás, sin derrochar insultos a personas que no le simpatizan, un maleducado, retrógrado, simplón, amargado y rastrero. Por lo visto estas características son premiables, del mismo modo que lo es hacer humor.
Me parece irrisorio que un mismo jurado pueda premiar dos estilos tan sumamente distintos de hacer comunicación, ya no sólo por ideologías, sino por la propia forma de comunicar (me parecería lo mismo si hubieran premiado a Losantos y a Urdaci por sus monólogo) porque el humor y la crítica sangrante son polos opuestos, aunque al vulgo puedan parecerle lo mismo.
Cada profesional se reserva para sí mismo el derecho a aceptar o rechazar un premio, pero la postura de Pablo Motos resulta más acertada: me alegro de que me den un premio, pero no voy a hacer la pantomima a una ceremonia al lado de un engendro radiofónico (esto no son palabras suyas, es mi traducción).
La crítica sarcástica del humor es una cosa y el griterio desaforado e insultante otra. Hay que aprender a distinguir y no vivir un despropósito sin fin, engañado en la propia mentira.
Salud y libertad.